Al arbol de la Cruz
Aquel arbol, el árbol de la Vida,
plantado por la mano del Amado
en la cima del Gólgota, ha colmado
su copa a rebosar, de agraz bebida.
Nunca el bosque, sangrando por la herida,
contempló tanta ruina en su costado,
leño verde, si así Dios lo ha tratado
¿qué no hará en mi madera carcomida?
Como a la vida misma Dios te azota,
como a la muerte misma Dios te reta...
tú sigues madurando la derrota
y desde el fondo de tu pecho brota
un alma de madera que se agrieta
y una savia de amor que no se agota.
José Manuel Feito